Chile está viviendo una transformación demográfica sin precedentes. Mientras la esperanza de vida aumenta y la natalidad disminuye, el desafío ya no es solo el envejecimiento de la población, sino cómo fortalecer los vínculos entre generaciones que hoy conviven más que nunca, pero interactúan cada vez menos.
La evidencia internacional demuestra que promover relaciones intergeneracionales contribuye a reducir el edadismo, fortalecer la cohesión social y generar beneficios en ámbitos tan diversos como la educación, la salud y el desarrollo comunitario. En un país que envejece aceleradamente, incorporar este enfoque en las políticas públicas se vuelve clave para construir una sociedad más inclusiva y con mayor capital social.
Con el objetivo de aportar a esta discusión, el Observatorio para la Inclusión presenta un nuevo informe que analiza la realidad chilena, revisa experiencias nacionales e internacionales y propone medidas para instalar la intergeneracionalidad como un eje estratégico para el desarrollo del país.
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